Comer compulsivamente psicología

Un estudio efectuado por el Centro Médico Rutgers Roberts Wood Johnson de los Estados Unidos reveló que la ausencia de la hormona GLP-1 en el cerebro de ciertas personas sería el responsable del deseo de comerde manera incontrolable.
La conclusiones, obtenidas a partir de una investigación en la cual trabajaron con ratones a los cuales se les provocó de forma artificial una deficiencia de dicha hormona en sus cerebros, da cuenta del importante hallazgo que podría tener un impacto notable en las terapias contra la obesidad o los trastornos obsesivos.

En dicha investigación, se observó que cuando se les suprimía parte de la hormona GLP-1 a los ratones, estos respondían agudizando la búsqueda de alimentos y prefiriendo aquellos con mayor contenido graso. Asimismo, al momento de suministrarle nuevamente dicha hormona, los roedores fueron capaces de bloquear sus impulsos y, en aquellos que seguían comiendo, dejaron de preferir los alimentos grasos.

Hormona GLP-1

Los péptidos GLP-1 son diminutas secuencias de aminoácidos que cumplen diferentes funciones en el organismo y, entre ellas, una de las principales es establecer el modo en que el cuerpo regula los comportamientos alimenticios. El GLP-1 es secretado por células tanto del intestino delgado como del cerebro y se encargan de dar aviso al organismo de la sensación de saciedad.
A pesar de lo grandioso de las conclusiones, aún deben realizarse nuevos estudios relacionados con el área que den cuenta no sólo de la conducta alimentaria sino también de otros comportamientos que pueden tener su base en la ausencia de dicha hormona. En este sentido, la conducta adictiva es la que espera explicarse en función de estos hallazgos y, con ello, trabajar en torno a nuevos tratamientos que reemplacen a los actuales y que vayan directo al centro del problema.

 

¿Cuándo es necesario ir al Neurólogo?

A pesar de que la neurología se ha transformado en una disciplina cuyas consultas aumentan año tras año, lo cierto es que sigue siendo un área de la medicina que no posee una estrecha relación con la salud de la población. Y esto último es lógico si se piensa que un chequeo médico habitualmente no contempla las especialidades, por lo que tener un panorama claro acerca del funcionamiento de nuestro sistema nervioso y, en especial, de nuestro cerebro, no es algo muy común.
 
Solamente en condiciones muy manifiestas, las personas deciden acudir al neurólogo o, cuando el médico general observe alguna situación anómala que pudiera interpretarse como síntoma neurológico es donde recién se solicitan exámenes específicos del sistema nervioso. Sin embargo, situaciones que se dan casi de manera cotidiana pueden tener un trasfondo mayor que requiera de la atención de un neurólogo y que, por lo general, las personas no lo estiman así.
 
Una simple migraña, mareos, vértigos y dificultades para mover ciertas extremidades pueden ser condiciones que deriven de un problema de carácter neurológico y que, por desconocimiento del paciente o poca agudeza del médico general, pasan inadvertidos hasta que los síntomas empeoran.
 
 

A más edad, más cuidados

 
Lamentablemente, nuestro sistema nervioso también sufre el rigor del paso de los años. Y aunque esto sea invisible al espejo, tanto nuestros nervios como nuestro cerebro comienzan a desgastarse conforme pasa el tiempo haciendo que los pensamientos se vuelvan más lentos, los movimientos más pausados y que necesitemos al menos de unas milésimas más de segundos para recordar eventos del pasado.
 
Lo anterior, si bien es una condición humana de la cual nadie se escapa, tiene sus bemoles en tanto una buena alimentación, un constante “entrenamiento” cerebral (leer, escuchar música, desarrollar nuevas relaciones sociales, etc) y el ejercicio físico permiten la oxigenación de nuestro órgano mayor. Pero, fuera de esto, a medida que pasan los años se debe prestar mayor atención a ciertos síntomas que podrían revestir cierto peligro.
 
Si a los 20 años un dolor de cabeza podía ser cubierto con una simple aspirina, después de los 50 debe ser visto de una manera distinta; asimismo, los mareos o, más aún, la dificultad para mover las extremidades, requieren de una mayor atención haciéndose casi necesaria la evaluación de un neurólogo en caso de presentar estos síntomas.
 
Si prevenir es mejor que curar, en neurología esto tiene un carácter aún más agudo pues, más allá de la importancia del lado físico de nuestro cuerpo, el cerebro es el motor de nuestras acciones y cualquier desgaste o falla que pueda haber en él será motivo de un cambio total en nuestra vida. Cuidar la alimentación, procurar el desarrollo de ciertos hábitos y evitar el sedentarismo pueden ser elementos claves que, a la par de beneficiar nuestra salud integral, tendrán un hándicap en nuestro sistema nervioso.

Problemas en relaciones intergeneracionales familiares

Al igual que cada persona es un mundo, cada familia es otro mundo. Un mundo riquísimo y variado donde conviven distintas realidades y distintas perspectivas que no siempre encajan las unas con las otras. Sobre todo en los casos en los que de un miembro de la familia a otro distan muchos años de distancia pudiendo dar lugar a ciertas discrepancias ante situaciones que no se comprenden desde un lado y desde otro. Para poder abordar estos pequeños conflictos, se debe tener la perspectiva de cada miembro implicado. Para ello, hagamos un poco de terapia familiar y respondamos a la siguiente pregunta… ¿A qué se deben las discrepancias intergeneracionales?

Un entorno cambiante dentro de la familia

 
El paso de los años, y más aún de las décadas, trae consigo cambios importantes. Cambios importantes que se hacen visible en la forma de vivir, trabajar y convivir con el entorno de las distintas generaciones.
 
Por ejemplo, de la era analógica a la era digital distan varias décadas de transición que han permitido que una persona de sesenta años se desoriente ante un ordenador; una de cincuenta haya convivido por igual con la máquina de escribir y con el teclado de un IBM; una de cuarenta teclee con un Mac a toda velocidad pero no sepa manejar un iPad; una de treinta maneje internet a nivel profesional pero le cueste cada vez más cambiar de dispositivo; una de veinte acostumbre a tener un nuevo widget tecnológico cada año pero se olvide de cómo funciona el anterior y cómo, a medida que descendemos los años, son mayores las posibilidades de adaptación al entorno pero menores las de salir de éste.
 

Reflejado en la educación

 
Todo esto conlleva a que si no se educa a cada persona en valorar y respetar las características de cada persona, se cree un aura de superioridad y dominio de la situación frente a la otra: “Déjame a mí que tú no sabes”, “en mis tiempos esto se solucionaba en dos minutos”, son frases que resuenan en conversaciones en las que surge un conflicto entre personas de distintas edades.
 
Ante estos conflictos, que pueden ser mayores o menores, el diálogo es lo primero que nos debe empujar a entender a la otra persona y no cerrarnos con frases tajantes que zanjen la situación sin pasar por una correcta comunicación.
 
 

Y en la esperanza de una vida feliz familiar

 
Todo lo expuesto, mal canalizado, nos lleva al mayor conflicto que nos podemos encontrar en las discrepancias intergeneracionales. Y es que los avances médicos, los cambios en los hábitos de vida, la creciente preocupación por la salud y otros factores han tenido como consecuencia que haya aumentado la esperanza de vida y cada vez haya mayor convivencia entre distintas generaciones donde, llegados a cierta edad, se asocia la idea de decaimiento físico en sus mayores con la dependencia y la imposibilidad de vivir solos.
 
Esto puede producir en los adultos una idea equivocada de adquisición del control de los hábitos de los más mayores y otras problemáticas como limitar sus decisiones, discutir quiénes y cómo deben abordarse los cuidados etc.
 
Si estos puntos no se toman de forma natural, la solución pasa por contar con especialistas en discrepancias generacionales que nos ayuden a que cada paso sea el resultado del respeto y el cariño que todo familiar merece, sea de la edad que sea.

Los beneficios psicológicos del sauna

Desde antes de Cristo los baños en aguas termales, aguas medicinales, SPA y beneficios del vapor eran muy conocidos. Por ejemplo, los romanos y griegos que tanto cultivaban sus cuerpos y mentes solían tomar baños de vapor frecuentemente y lo hacían a solas o en grupo. La verdad es que este ancestral conocimiento está muy bien fundamentado y hoy en día se sabe que los vapores medicinales de las saunas tienen contundentes beneficios para la salud física, para la apariencia y para la salud mental de las personas que los usan.
Más allá de reducir medidas, de mejorar la presión sanguínea,  de lucir una piel más joven y tersa, de mejorar la digestión, la respiración, el sistema linfático y las defensas, el uso de las saunas tiene beneficios psicológicos que han ayudado a los pacientes a mejorar los tratamientos de terapias o de medicación para poder llevar una vida normal y feliz. Muchas veces los pacientes que requieren beneficios psicológicos prefieren la sauna portátil por su practicidad y posibilidad de usarse desde casa o cuando se sale de viaje.
 
Entre otros, los síndromes y enfermedades psicológicas que pueden tener alivio con la sauna a vapor son:
 
  1. Estrés
  2. Trastorno de ansiedad.
  3. El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
  4. Trastorno de pánico: sensaciones repentinas de terror sin un peligro aparente.
  5. Depresión
  6. Insomnio
  7. El trastorno de estrés postraumático (TEPT)
  8. Complejo de inferioridad
  9. Baja autoestima
  10. Depresión
  11. Fobias
  12. Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)
  13. Paranoia
  14. Anorexia
  15. Bulimia
  16. Déficit de atención

 

La sauna es un coadyuvante efectivo para el tratamiento médico de este tipo de enfermedades, ya que los vapores calientes inducen a la liberación de endorfinas. Con esto los pacientes se sienten más felices y relajados. Sin embargo, es importante aclarar que el tratamiento con la sauna no reemplaza la terapia psicológica o el tratamiento psiquiátrico que el paciente pueda necesitar, ya que representa, no una alternativa, sino más bien el complemento ideal para los pacientes.
 

Uno de los beneficios psicológicos destacables que el vapor brinda es el estado de relajación profunda que ayuda a eliminar estrés y ansiedad, y a conciliar el sueño de forma más efectiva y rápida a las personas que sufren de insomnio por estrés o por ansiedad. Después de una sesión de sauna, las personas se sienten limpias, relajadas, livianas y tranquilas, lo que favorece un momento de descanso placido.

 
Por otra parte,  los pacientes con depresión, trastornos alimentarios o con complejos de inferioridad también pueden sentirse visiblemente beneficiados con el uso frecuente de la sauna. Esto se da no solo por la liberación natural de hormonas que permiten estar en estados de tranquilidad y placidez sino también por la mejoría física que su uso trae como efecto adicional. Los resultados tras varias sesiones con saunas en el mundo coinciden en que los pacientes experimentan una reducción de peso, más tersura, hidratación y limpieza en la piel y, en general, más bienestar y vitalidad, lo que afecta positivamente en los trastornos relacionados con la falta de autoestima y seguridad en uno mismo.
 
Los pacientes con déficit de control o de concentración se verán mucho más tranquilos después del uso de la sauna por la regulación de hormonas fundamentales en los procesos mentales tales como serotonina y noradrenalina, que les permitirán tener una calidad de vida mejor y estados más normales en sus ambientes diarios. La liberación de estrés y la relajación física y psíquica resultantes de una sesión de vapor ayudan al individuo a controlar sus emociones, evitando así  la irritabilidad, el mal humor y los pensamientos negativos.

 

Sauna portátil

 
La sauna portátil  es más cómoda y fácil de usar que una sauna normal y trae también los beneficios psicológicos que esta última lleva aportando a la humanidad durante siglos. La temperatura controlada de los vapores influye en las terminaciones que están a lo largo del cuerpo humano. Al alcanzar esta temperatura el sistema nervioso provoca una ralentización sensitiva, lo que conduce a una relajación mental y corporal plenas que colocan a las terapias con sauna junto con las terapias de SPA en el top 1 de los tratamiento naturales para reducir el nivel de estrés, la ansiedad y las tensiones del día a día.
 
Los resultados son inmediatos y se prolongan con el uso frecuente de la sauna portátil, lo que va a mejorar la calidad de vida de las personas que puedan usar la sauna desde casa. Los beneficios psicológicos no son de corto o mediano plazo, los beneficios deben ser permanentes y duraderos en el tiempo. Las terapias periódicas con la sauna individual también mejoran la capacidad mental, y de esta forma los pacientes se recuperan físicamente y logran el equilibrio emocional. Al tener estas condiciones, también se aumenta la creatividad, la capacidad de concentrarse, y contribuye a mejorar la memoria y aprender.
 
Como ya hemos comentado, muchas de las condiciones negativas en psicología se deben al estrés y a la baja autoestima, y el uso de las saunas portátiles ataca esos problemas influyendo de dos maneras diferentes. Inciden sobre los neurotransmisores permitiendo la relajación y al mismo tiempo tienen efecto sobre el peso, la piel y la apariencia física.

Amor y odio: un solo paso

El refrán popular que señala que del amor al odio hay sólo un paso no es algo que no tenga fundamentos sino que, por el contrario, cuenta con todo el respaldo de la ciencia. De acuerdo a diversos estudios, tanto el amor como el odio comparten las mismas estructuras cerebrales en su expresión: ambos se generan en el núcleo caudado (porción del cerebro que forma parte del sistema de recompensa) y en la ínsula (lugar donde se integran las emociones y las experiencias multisensoriales)
 
Ambos sentimientos, por curioso que parezca, se originan en las mismas áreas y, en el caso de las parejas donde alguna vez hubo amor, la distancia posterior tiene su inicio a nivel emocional en el mismo lugar del cerebro donde todo, por cierto, es irracional.
 
Ahora bien, lo irracional también tiene sus límites. Si bien el enamoramiento, en esencia, es aquella pasión netamente emocional que nos lleva a visualizar de maneras casi ideales a la otra persona sin encontrarle defecto alguno, el odio es completamente racional en su manifestación externa. Así, el amor (al menos en su fase inicial) se experimenta inhibiéndose el área de la corteza mientras que, en el odio, es justamente la corteza del cerebro la que procesa todo.
 
Así, cuando se termina una relación amorosa, el cerebro automáticamente realiza sus propios ajustes como una especie de mecanismo de defensa y comienza a visualizar una serie de defectos en la otra persona que antes nos parecían invisibles. De esta manera, se acaba esa disonancia cognitiva que se nos genera al pensar que “si estamos enamorados aún, ¿por qué debemos estar separados?”
 
Se trata de esa mágica sabiduría de nuestro propio cerebro, quizás producto del desarrollo evolutivo de la especie o de cualquier otro factor que, si bien resulta dolorosa al comienzo, poco a poco termina por hacernos sentir bien hasta que todo vuelve a focalizarse en otro punto.

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